1. PICTURE + IMAGINATION
Sé
que soy yo, a veces, cuando reconozco tus manos en ese abrazo en potencia, a
veces alarmado en su propia fuerza, a veces delicado y ensimismado, pero en
esos brazos soy yo, o imagino que soy yo por ese breve instante en que ellos tejen
un sueño y un refugio, donde veo el camino posible de ternura y piel
descubierta. Posible, entonces, porque esos brazos son mi límite, quiero
extenderme en ellos, pero son mi límite. A veces sé que soy yo, porque los
descubro dibujando ondas y contornos con soltura tímida, locuaz, como quien
sabe el camino pero teme perderse igual. Cómo las ondas de calor se transmiten
a cada uno de esos músculos, y la vibración es mi vibración, la hago mía, una
música mía, ondas de movimiento, suaves, suaves, hasta calmar el frenesí, o
frenetizar la calma, quizás. Y así me descubro, te descubro, y claro, cómo no
imaginárselo cuando el cuerpo eléctrico canta, algo canta, algo que no es para
mí. Esos brazos, esos brazos no cantan para mí.
2. JULIA TORO
Y
así comienza el mito. Un día casi por accidente dos extremidades cruzaron dos
calles ralentizadas por espasmos de aire tibio, mientras ambos se preguntaban
qué demonios sería eso, ese viento tibio que los agarraba son piedad en dos
calles aleatorias. Alguien dijo a lo lejos que así comenzaban los mitos, a partir
de algo inexplicablemente ridículo. Cuando de súbito las calles se hacen más
angostas, más angostas, y esas extremidades comenzaron a jugar con las
posibilidades de extensión cutánea, de ondas, movimientos, encierros, círculos
y piruetas. Y así en ese momento la bondad de un lecho cualquiera los vio en
sincronía, la que no quieren abandonar por nada del mundo, porque así se
construyen los mitos: en base a lo imposible, a esos labios imposiblemente
cerrados, porque hay pudores que son porfiados, la inmensidad de otra piel los
aturde y entonces los labios se cierran un poquito, hasta que llega el abrazo y
sus argumentos, ¡y todo es al unísono! Al unísono se ríen, al unísono sus
extremidades coquetean con las posibilidades infinitas de formas, colores,
trazos, e idiomas nuevos en las combinaciones. La piel se afirma, ha llegado el
momento de acabar la segunda parte del mito.
3. A LETTER TO MYSELF
No
importa mi nombre: más importan mis intenciones. En este caso seré claro en
afirmar que estas intenciones no tienen que ver con regalarle versos, ni
regalarle alguna música que condimente su llana existencia, como la llama usted
a veces, como tampoco regalarle algún juego de luces que adornen su feminidad a
la rápida, como también le he escuchado en esas conversaciones prosaicas en
ratos libres. Qué gente más extraña hay en el mundo, ¿no? Estarás pensando esto
mientras sentada en algún sitio pones esa cara de atónita, confundida,
arrugando los labios levemente, o visiblemente, dependerá de tu estado de
ánimo, de la estación del día, o quién sabe qué, de acuerdo a lo que pase por
tu cabeza. Pero lo que realmente quiero es transformarte en el eje de las
primeras cosas que mencioné, ¿me explico? El eje de un verso, el eje del sonido
de una palabra, la que más te guste, de una melodía, el primer acorde, ser el
eje. ¿Y las luces? Que seas tú el primer impulso de esa luz que llegue a los
ojos de quien decide sacarte del anonimato estelar para ponerte un nombre visible
desde todos los ángulos de las galaxias, y alguna vez, solo quizás alguna vez
también te pueda decir “mía” sin ánimos de posesión, sino situarme en tu mismo
espacio. Alguna vez. En algún tiempo libre en que tu piel diga basta a su
presión, y suprima tu voz un rato para fluir en otro tiempo bajo otra piel. Te
dejo la inquietud.