Quisiera descubrir tu rostro tras la neblina, donde te escondiste jugando, como cualquier otro día de mi infancia tranquila.
Entre las rosas que amenazaban con quebrantar la burbuja, nuestra casa, los rosales que se derretían con el paso de los años
tu rostro ajado por una enfermedad lenta,
tus manos recibiéndola, piadosa.
Con una sonrisa. La dulzura de la risa de una mañana, en que todo se derrumba, pero tú, debajo de la buganvilia
renaces cada asomo de luz.
Luz.
Quisiera descubrir tu rostro tras la neblina. Que allá donde duermes haya jardines, ojalá, haya jardines y bosques perennes y girasoles eternos para que los mires
entre el viento cómo resisten a todo.
Que aquí todo es demasiado dolor. Aquí todo se enmaraña. El girasol ha muerto con el primer embate de la ventisca.
Yo sé que todo cambia. Yo sé que tus abrazos renacen con cada lágrima, tus besos eternos. ¿Pero cómo es que se libera la sal en este vértigo?
Quizás no lo quieren así tus ojos transparentes.
Tu mirada transparente que guarda mis vías y mis venas
y cada gesto contrario.
Ven para reírte conmigo un rato entre los rosales.
Yo en tus brazos,
tú en mis brazos,
yo y tus brazos gélidos,
tus brazos dorados y los míos
abatidos.
Entrégame el movimiento de tus girasoles
para cargar esta vida de plantíos deshechos,
del extraño eterno,
de vivir sin ti.
...
Para ti, Luz, donde quiera que te encuentres.
La panacea no existe cuando se trata del viejo oficio de escribir. Una de dos: o lee o se auto-exilia al mundo de la escritura vana y celópata. Aquí hay un par de intentonas.
Thursday, November 13, 2014
Monday, October 13, 2014
Galaxy Leggins
Sometimes I really wish I was a pop star.
I would wear some glittery galaxy leggins. My tight clothes would reveal all my inner secrets.
Behind a synth, I'd play to everyone's desires. I would play some notes that would make your lips tremble. When you are all shaky, all shaky, you'd know I got you.
So I'd french kiss every inch of you in such a delicate way that you'd think the waves of sounds are raping your ears in a non-violent way. Without resistance. Testing your endurance. That's how I'd kiss you.
Sugary notes would bring you higher, higher. My high-pitch voice would make you feel
like fucking paradise.
And you can touch it like a fluffy pillow till the lights the lights are on
and the show is over
and I vanish into backstage
into damn space.
If I were a pop star.
I would wear some glittery galaxy leggins. My tight clothes would reveal all my inner secrets.
Behind a synth, I'd play to everyone's desires. I would play some notes that would make your lips tremble. When you are all shaky, all shaky, you'd know I got you.
So I'd french kiss every inch of you in such a delicate way that you'd think the waves of sounds are raping your ears in a non-violent way. Without resistance. Testing your endurance. That's how I'd kiss you.
Sugary notes would bring you higher, higher. My high-pitch voice would make you feel
like fucking paradise.
And you can touch it like a fluffy pillow till the lights the lights are on
and the show is over
and I vanish into backstage
into damn space.
If I were a pop star.
Saturday, July 19, 2014
Desire(s)
Having a wild mind
to care about.
A gloomy paradise
inside a bottle,
a restless mind
to care about.
Everything but your soul
is in my bare hands.
Why can't I possess
a minute of spoken delights
in wide open ears?
Knit a dream in this
stark naked brain,
I need a dream to
hang about.
Having a wild mind
to care about.
A strange wilderness
inside four walls,
a restless mind
to dive into.
Come write for me
at the strike of dawn.
Gentío
La nostalgia
que se anega por las alcantarillas.
Los cuentos
y las sopaipillas
y las tardes
de domingo mirando nada más
que ciervos
y cometas y los camiones guerrilleros
dispuestos a
un nuevo
imperio
falso.
Los de
corazón pequeño cantarán a sus
pequeños
dioses.
Los de
corazón grande callarán
a sus
grandes próceres,
creando sus
propias efemérides
para
celebrar con el barrio vecino,
viejos y
chicos y los que adolescen
de garras y
pertrechos para
supervivir.
La nostalgia
se cuela por entre las rendijas
del aire
acondicionado.
¿Condición a
qué? A una calma apariencia,
aparece y
muere ante un parecer extinto.
Miro y busco
mi propio oxígeno a mi alrededor,
lleva mi
nombre, y son de esos átomos en juego
con mi color
de ojos.
Por allá
debe andar, flotando por el territorio
enemigo,
clandestino.
Los que
tienen más oxígeno empachan sus intestinos y se glorían de sus cuerpos
rosados,
brillantes, ávidos de espacio.
Y los que
carecen, los eternos del ciclo de carencias,
harán lo
mejor que les permitan sus huesos aformes,
sus cuencas
hundidas, su espléndido
respirar en
ondas cortas.
Cada uno se
agrupará en torno a sus templos,
cada uno le
rezará a sus muertos,
algunas
lágrimas irán a dar al templo irrespecto,
mientras la
nostalgia cuidará que cada uno
aloje bajo
sus pies la sombra
de ese mundo
que se sueña
de ese mundo
que se contrae
para
explotar con otra ilusión
en la
sumatoria de nostalgias.
Tuesday, July 15, 2014
Título Personal
Esta soy realmente yo, y lo demás no importa.
Importan mis nostalgias, aportan la cuota necesaria de cordura ante un mundo que solo me quiere
INDIGNA Y QUEJUMBROSA AL BORDE DEL RÍO. A veces lo repito cuando tengo una pila de acertijos que resolver, y mi espíritu simplemente no se encuentra con la extraña del espejo ni una sola vez en toda la madrugada.
Esta soy yo. Lo que haga yo en un aula, en una calle, arriba de una micro, en la cama de mi amado, sí, también soy yo, pero una fracción de mi cuerpo desmembrado, multiforme, multicolor, multicopiado hasta el infinito. Esto es lo que soy: un alma que llora a sus muertos transmutados al papel, a la tinta, física o electrónica da igual, pero es ésta así, como una escribiente perpetua, la razón de esta vida que tras las barras de una prisión diaria, abraza su destino con soltura, que no resignación.
Que no se malentienda: amo enseñar. Amo mi trabajo. ¡Pero me va dejando tan sin sueños y sabores a veces! Basta ver cómo mi ojo se retuerce y tiembla ante la exasperación de un trabajo que pide todo para ayer, y que me hipoteca los momentos de ansia marítima y espacial. Siendo ese el problema, el cepo voluntario al que todo se ve sometido, no queda más que entibiarse un pequeño espacio y volver a la autoconquista de un ser indefinido tal como lo soy yo ahora.
¿Y quién soy? Una mujer que en este momento anhela gente. ¿Qué gente? Para enumerar:
- La sonrisa de una vieja angelical sabia.
- La guitarra de una hada azul que se ha perdido en el otro hemisferio.
- Un antigua alma poeta atemporal, que quizás solo sea producto de un pueril manojo de emociones y dialectos.
- Un grupo de flores risueñas con las que compartí el adolescer, el crecer, el querer algo indecible.
Y podría seguir. El juego de nostalgias puede resultar infinito y mortal. Pero supongo que cargando todas las cosas anteriormente mencionadas, sumándole los miedos gigantes, el amor de juegos de luces que me permite seguir andando y bailando en el carnaval de mis días agrios, la letra de otros que me hablan al oído, entre otras cosas, supongo que esa soy yo.
Ahora, cuando la misión se vuelve más endemoniada, y se pide el "querer ser" al futuro, que no me pregunten huevadas. No sé qué quiero en el futuro y punto.
Déjenme escribiendo en una calle vacía con un gramo de cielo, a lo mejor algo bueno salga de ahí.
Importan mis nostalgias, aportan la cuota necesaria de cordura ante un mundo que solo me quiere
INDIGNA Y QUEJUMBROSA AL BORDE DEL RÍO. A veces lo repito cuando tengo una pila de acertijos que resolver, y mi espíritu simplemente no se encuentra con la extraña del espejo ni una sola vez en toda la madrugada.
Esta soy yo. Lo que haga yo en un aula, en una calle, arriba de una micro, en la cama de mi amado, sí, también soy yo, pero una fracción de mi cuerpo desmembrado, multiforme, multicolor, multicopiado hasta el infinito. Esto es lo que soy: un alma que llora a sus muertos transmutados al papel, a la tinta, física o electrónica da igual, pero es ésta así, como una escribiente perpetua, la razón de esta vida que tras las barras de una prisión diaria, abraza su destino con soltura, que no resignación.
Que no se malentienda: amo enseñar. Amo mi trabajo. ¡Pero me va dejando tan sin sueños y sabores a veces! Basta ver cómo mi ojo se retuerce y tiembla ante la exasperación de un trabajo que pide todo para ayer, y que me hipoteca los momentos de ansia marítima y espacial. Siendo ese el problema, el cepo voluntario al que todo se ve sometido, no queda más que entibiarse un pequeño espacio y volver a la autoconquista de un ser indefinido tal como lo soy yo ahora.
¿Y quién soy? Una mujer que en este momento anhela gente. ¿Qué gente? Para enumerar:
- La sonrisa de una vieja angelical sabia.
- La guitarra de una hada azul que se ha perdido en el otro hemisferio.
- Un antigua alma poeta atemporal, que quizás solo sea producto de un pueril manojo de emociones y dialectos.
- Un grupo de flores risueñas con las que compartí el adolescer, el crecer, el querer algo indecible.
Y podría seguir. El juego de nostalgias puede resultar infinito y mortal. Pero supongo que cargando todas las cosas anteriormente mencionadas, sumándole los miedos gigantes, el amor de juegos de luces que me permite seguir andando y bailando en el carnaval de mis días agrios, la letra de otros que me hablan al oído, entre otras cosas, supongo que esa soy yo.
Ahora, cuando la misión se vuelve más endemoniada, y se pide el "querer ser" al futuro, que no me pregunten huevadas. No sé qué quiero en el futuro y punto.
Déjenme escribiendo en una calle vacía con un gramo de cielo, a lo mejor algo bueno salga de ahí.
Friday, June 6, 2014
Ejercicios subjetivos
1. PICTURE + IMAGINATION
Sé
que soy yo, a veces, cuando reconozco tus manos en ese abrazo en potencia, a
veces alarmado en su propia fuerza, a veces delicado y ensimismado, pero en
esos brazos soy yo, o imagino que soy yo por ese breve instante en que ellos tejen
un sueño y un refugio, donde veo el camino posible de ternura y piel
descubierta. Posible, entonces, porque esos brazos son mi límite, quiero
extenderme en ellos, pero son mi límite. A veces sé que soy yo, porque los
descubro dibujando ondas y contornos con soltura tímida, locuaz, como quien
sabe el camino pero teme perderse igual. Cómo las ondas de calor se transmiten
a cada uno de esos músculos, y la vibración es mi vibración, la hago mía, una
música mía, ondas de movimiento, suaves, suaves, hasta calmar el frenesí, o
frenetizar la calma, quizás. Y así me descubro, te descubro, y claro, cómo no
imaginárselo cuando el cuerpo eléctrico canta, algo canta, algo que no es para
mí. Esos brazos, esos brazos no cantan para mí.
2. JULIA TORO
Y
así comienza el mito. Un día casi por accidente dos extremidades cruzaron dos
calles ralentizadas por espasmos de aire tibio, mientras ambos se preguntaban
qué demonios sería eso, ese viento tibio que los agarraba son piedad en dos
calles aleatorias. Alguien dijo a lo lejos que así comenzaban los mitos, a partir
de algo inexplicablemente ridículo. Cuando de súbito las calles se hacen más
angostas, más angostas, y esas extremidades comenzaron a jugar con las
posibilidades de extensión cutánea, de ondas, movimientos, encierros, círculos
y piruetas. Y así en ese momento la bondad de un lecho cualquiera los vio en
sincronía, la que no quieren abandonar por nada del mundo, porque así se
construyen los mitos: en base a lo imposible, a esos labios imposiblemente
cerrados, porque hay pudores que son porfiados, la inmensidad de otra piel los
aturde y entonces los labios se cierran un poquito, hasta que llega el abrazo y
sus argumentos, ¡y todo es al unísono! Al unísono se ríen, al unísono sus
extremidades coquetean con las posibilidades infinitas de formas, colores,
trazos, e idiomas nuevos en las combinaciones. La piel se afirma, ha llegado el
momento de acabar la segunda parte del mito.
3. A LETTER TO MYSELF
No
importa mi nombre: más importan mis intenciones. En este caso seré claro en
afirmar que estas intenciones no tienen que ver con regalarle versos, ni
regalarle alguna música que condimente su llana existencia, como la llama usted
a veces, como tampoco regalarle algún juego de luces que adornen su feminidad a
la rápida, como también le he escuchado en esas conversaciones prosaicas en
ratos libres. Qué gente más extraña hay en el mundo, ¿no? Estarás pensando esto
mientras sentada en algún sitio pones esa cara de atónita, confundida,
arrugando los labios levemente, o visiblemente, dependerá de tu estado de
ánimo, de la estación del día, o quién sabe qué, de acuerdo a lo que pase por
tu cabeza. Pero lo que realmente quiero es transformarte en el eje de las
primeras cosas que mencioné, ¿me explico? El eje de un verso, el eje del sonido
de una palabra, la que más te guste, de una melodía, el primer acorde, ser el
eje. ¿Y las luces? Que seas tú el primer impulso de esa luz que llegue a los
ojos de quien decide sacarte del anonimato estelar para ponerte un nombre visible
desde todos los ángulos de las galaxias, y alguna vez, solo quizás alguna vez
también te pueda decir “mía” sin ánimos de posesión, sino situarme en tu mismo
espacio. Alguna vez. En algún tiempo libre en que tu piel diga basta a su
presión, y suprima tu voz un rato para fluir en otro tiempo bajo otra piel. Te
dejo la inquietud.
DeLorean (intento posmoderno)
Todo empezó
por un número equivocado. Su chip intra-sensorial de telecomunicación bajo su
epidermis sonó tres veces y las ondas infrasónicas preguntaron por alguien que
no era él. Siguió durmiendo sin darle importancia al incidente, hasta que de
pronto una mano apretó su brazo en un zamarreo y las guitarras sonaron, pero no
eran guitarras sino un cuarteto de bombos que los esclavos albinos tocaban sin
cesar mientras en la fábrica los autos DeLorean policiales salían recién
hechos, recién ajustados, listos para cualquier viaje en el tiempo a pedido del
chofer.
- Me sacaron
un auto del garage, no sé quién fue. Investigue, averigüe.
¿Cómo cresta
iba a encontrar uno de esos putos autos si viajan en el tiempo?
Aunque a
veces no es necesario viajar en el tiempo, los criminales se ocultan a veces en
los lugares más obvios, tal como cuando eras chico tu mamá te escondía la
Nutella, pensó.
Sacó su
ajada libreta de detective suburbano y se paseó por algunos callejones buscando
pistas. Se paseó por los callejones de la avenida Helter Skelter que subía
hacia una colina donde las casas con aspecto La Dehesa estaban siempre
cerradas, pero de ellas salía el olor a fiesta, y la bajada abrupta llevaba al
escondite de viejas estrellas de los comerciales, quienes descansaban al sol en
viejas colchonetas donadas por la ONU. Allí se encontró con P., quien había
realizado los comerciales de ralladores de papas que todas las amas de casa
decían usar según las encuestas. Y además tenía fama de chismoso.
- Vi a una
mujer subirse a un auto parecido a lo que me cuenta usted. Al parecer anda
cerca del Ganges. A veces la hemos visto aspirando aerosoles por estos lados,
buscando a alguien diferente cada vez que viene, de repente es un tal Septimus,
Octavus, Novenus, qué se yo. A lo mejor anda por allá ahora.
Tomó el penúltimo
autobús. El último autobús era el que llevaba las almas en pena que daban
realmente pena – porque estorbaban mucho según los empresarios del rubro
dogmático – para llevarlas precisamente a la última parada, el Ganges, donde
eran depositadas para su posterior reciclaje en almas menos complejas, más
ergonómicas y económicas, por supuesto. El penúltimo bus era tranquilo. Solo un
gato viajaba con él.
- ¡Señorita
Woolf! – exclamó al bajar en la parada al lado del Ganges. La vio por la
ventana del DeLorean justo en el momento en que se hundían ambos en las
profundidades del Ganges, no había alcanzado a llegar a tiempo. El río se los
había tragado a ambos, a quien había sido una compañera sexual por un tiempo
ridículamente largo en la adolescencia, y al auto que le daría una buena cena
por la noche.
Se fue
pensando que la pega de detective era una porquería y que a lo mejor debería
dedicarse a otra cosa. En ese momento su chip intra-sensorial emitió un
mensaje.
- No te
preocupes, ya encontré el auto. Mi mujer lo había sacado para pasear con sus
amigas. Gracias.
Wednesday, May 21, 2014
Silencio (intento romántico)
Un
paso hacia lo esencial. Un paso. Y es tan fácil como dejarse ir en un pequeño
vuelo de segundos. Debe ser solamente un par de segundos, no creo que sea
tanto. El espacio de la libertad, un paso. Sentir el espíritu pleno por fin. Es
un instante. El deleite de los gritos: todos se harán reales junto a mí, todos
sopesarán también la delgada línea entre la vida y la muerte. Todos aprenderán
conmigo que la vida es un intermedio que aguarda al asilo en el claroscuro de
la eternidad. Nadie lo entenderá al comienzo, dirán imbécil, egoísta, enfermo.
Incluso pobrecito. Pobrecito. Pobres ellos, seres inanimados, que se conforman
con las migajas de una vida confortable, unos billetes en el bolsillo, una
tarde de viernes bebiendo cerveza, una pareja soñolienta esperándolos en la
cama para tener sexo de manera pegajosa, insípida, un simple intercambio de
fluidos, una reiteración de una rutina que los mantiene sedados hasta el otro
día en su patetismo que no ven. Que no verán.
Y
aquí yo, el ángel hacia lo eterno, el héroe que escapa al juego de sombras, en
busca de la verdad, cansado de la linealidad, de las viejas gordas del metro
apretándome hasta morir, de los flaites y su música de mierda en la micro
ensuciando momentos perfectos de meditación. Cansado de estos borregos
desalmados incapaces de inflamar a sus corazones la más mínima llama de pasión
por la vida. La vida es una weá. Debe haber algo mejor que esto. Debe haber
algo mejor que esto. Debe haber algo mejor que toda esta manga de acéfalos
mirándome como enfermo, con sus porquerías de audífonos descomunales en sus
cabezas de aire, con sus aparatos en sus manos celebrando el poder de una
comunicación inexistente con gente invisible. ¡Mediocres! Lo esencial es esto,
un paso. Un salto. Un vuelo. Un salto. Un vuelo.
…
-
Sigma, estación Universidad Católica.
Todos
se congelaron. Empezaron los murmullos, y puse atención: al parecer un joven de
20 a 25 años, vestido de negro, con una polera de Joy Division, se había tirado
a las líneas del metro en cuestión de segundos. Por eso estábamos detenidos
hacía rato, por eso había mujeres en la boletería gritando horrorizadas. La noche
se hizo súbitamente más sombría, más densa, y la imaginación corrió rápido
pensando en las últimas sensaciones del suicida. Y la muerte, tan cerca.
Intenté olvidar el episodio escuchando alguna canción que me hiciera sentir
mejor, pero solo encontré “Atmosphere” de Joy Division. Fue un pequeño
homenaje, al final.
All Tomorrow's Parties (intento modernista)
La noche es
la estación del día más cruel. Las luces de la bola de cristal al medio de la
pista son la estrella enfermiza que vomita sus últimos destellos antes de
explotar en la inmensidad de un sueño que devora cada sensación a su paso y
magnifica cada intento de movimiento.
En la fiesta,
la seductora de soledades sale a contar baladas que se traducen en pasos de baile
tornasoles, cataclísmicos. Y al tronar de otra canción de Saturno, la chica de
las orquídeas danzará entre quienes las tormentas se les han subido a la cabeza
cortesía de Baco, el que, instalado al borde de la barra, brinda por las
noches, los días, las semanas, los meses y los años.
Y truenan
las canciones, truenan los compases grandilocuentes de la música electroclash. El neón desintegra a los bailarines
menos avezados, los que entre espasmos y dermis viscosa van a dar al río de la
ciudad que guarda los restos del pasado más oscuro pero más amado de la ciudad.
En aquel pasado yace el pueblo olvidado que alguna vez cantó la hazaña de un
gran superhéroe, que hoy se refugia en locales de baile de viejas villas de
campesinos, herreros, abadías pobres y floristas de anémonas carnívoras.
Pero esto es
una fiesta, una singular ceremonia en torno a la nada que circunda los cuadros
antiguos de santos en las catedrales altas de la ciudad. Y esa fiesta hipócrita
calmará a ratos los cielos y la olimpiada eterna de los muertos bajo la
alfombra.
El beat transforma a la chica de las orquídeas en la
perfecta Medusa, mientras la llegada lenta del alba inversa recorre a los
peregrinos con una especie de escalofrío de la médula que resulta fatal. Todos
huyen de Medusa, y ella danzará sola con la vista en las luces hasta hacerlas
fuego. Todos los hombres han huido a los montes y a las cavernas en ese
momento, como el viejo adagio guardado en las más altas sabidurías
mesopotámicas que reza así:
soldado que arranca sirve para otra batalla
y entonces
ya nada es lo mismo. La ciudad baldía dormita bajo una densa capa de fumarolas
radiactivas, glitter y rocío matinal. La chica de las orquídeas
seguirá bailando sola por un rato más, sus tacones marcados en el piso como la
escritura cuneiforme de un mensaje encriptado que describe la noche como la
estación del día más cruel para realizar una fiesta en donde básicamente no
pasa nada. O pasa todo. O todo confluye en la espiral misma de un caos que se
adivina en la punta de los cabellos esperando la fiesta de mañana.
Urgente
Siento urgencias
de saber cuándo volverá la poesía.
Siento la vida venidera que se clava
entre los dedos,
sin poder descifrar lo que declara
lo que se aclara, lo que declara,
lo que somete al arbitrio
de un verso de antojos
y glorias.
Cuando se despejen las costillas,
de los restos nacerá
la suerte de los pueblos
bajo la pluma del gran poeta.
El griterío que recibe al ganador,
el griterío que clama justicia.
Ambos mundos en un frasco bajo la almohada.
¿Qué hago?
Pregunto a los pocos sonidos que vagan en la noche,
perdidos en sordina en las pocas calles
que van quedando.
¿Qué se hace con las voces atrapadas
entre las amígdalas,
haces de luz entrampados
en la carne temporal?
Y la urgencia de que la poesía vuelva
se extiende
a la cercanía del invierno,
a la proximidad de bailes
en la ciudad vecina.
Sentir que vienen,
sentir que vienen
y necesitar sentirlos
más en las venas
más adentro de las venas.
Para eso, escribir un verso o dos
antes de que todo se muera.
Monday, January 6, 2014
Saturno
Una verdad holográmica
entre las piernas.
Contratar autos voladores,
un corazón de piedra y uno de carne
y un camino para volver.
Si el miedo es un medio
para doblegar conciencias,
déjennos en nuestra locura feliz
por varios días, acampar
afuera de la luna,
volarnos un rato
en el fuego de malabares.
Que encender un aparato,
que hablar sin detenernos,
que silenciar al unísono...
Hablarnos entre las noches
suena mejor panorama,
en un espacio de incalma,
en un indicio de infamia.
Queremos todo envuelto
en papel de regalo,
un presente en el presente
frente a los ojos, requerido
lo querido en lo complejo
lo grande, abundante,
brillante
como monedas,
veloz, fugaz.
Pero no nosotros,
no nos metan a todos en el mismo saco
sarcástico. No todos
somos estrellas de mar.
Algunos, como tú y yo
queremos un porcentaje
importante de Saturno
como patio trasero.
Y un beso al despertar.
Que es más lindo enfrentar al mundo
de a dos.
Que es más cierto enfrentar la muerte
con los ojos vendados de amor.
Y entonces la muerte es un holograma
de dos colores./
Contramar
Nadando a contramar,
con el entresol en la pupila,
y una u dos oraciones en los bolsillos,
me permití ahogarme en las palabras
que quedaron tuertas a mitad de camino.
Un miedo que tiembla, tiembla,
deja las olas empeñadas en sangrar
y sangrarme en cuanto toque el suelo.
Al retomar la ola, cae el ciclo,
vuelvo a la punta,
giro al precipicio.
Tengo miedo, madre, amado.
Me han dicho que este mundo de papel
es aparente, .
Que nadie está conmigo si no está
contra mí, un poco, en una esquina
de su corazón.
Este mundo de grandes en maremotos,
el nadar sin terminar de girar,
sin besar las ondas,
sin querer dar a la soledad empeñada
ni un centímetro,
pero que ya tiene demarcado
todo mi cuerpo.
Nadie dijo que esto era tan complejo.
El sol entornándose, evitándome,
tiñendo los matices de la ternura,
dejándome desnuda ante los ojos de ultramar,
ojos de ultrajar cuanto me queda
de mundos pequeños y relatos abiertos.
Aún no me retiro, es cierto,
quiero ser brillo de mar, aún sintiendo,
aún sabiendo que pronto mi cuerpo deshecho
vivirá entre los corales.
Me aterra seguir nadando,
el perpetuo movimiento
sin llegar a puerto.
El perpetuo silencio
sin tocar otro cuerpo.
La eterna espera,
siendo siempre un intento
de algún supuesto yo
y YO, quien debo ser
en un cuadro de tiempo.
Nadando a contramar,
el único aliciente es esperar.
Nadando a contramar,
el único retorno es
volver a navegar.
Y recorrer corrientes con el cuerpo inerte.
Así es como se supone que deba
pasar al siguiente océano,
y dormir sin dormir,
y ver sin llorar de placer,
ni saber más, porque eso no te hará
grande. Dicen,
grande./
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