Wednesday, May 21, 2014

All Tomorrow's Parties (intento modernista)

La noche es la estación del día más cruel. Las luces de la bola de cristal al medio de la pista son la estrella enfermiza que vomita sus últimos destellos antes de explotar en la inmensidad de un sueño que devora cada sensación a su paso y magnifica cada intento de movimiento. 
En la fiesta, la seductora de soledades sale a contar baladas que se traducen en pasos de baile tornasoles, cataclísmicos. Y al tronar de otra canción de Saturno, la chica de las orquídeas danzará entre quienes las tormentas se les han subido a la cabeza cortesía de Baco, el que, instalado al borde de la barra, brinda por las noches, los días, las semanas, los meses y los años.
Y truenan las canciones, truenan los compases grandilocuentes de la música electroclash. El neón desintegra a los bailarines menos avezados, los que entre espasmos y dermis viscosa van a dar al río de la ciudad que guarda los restos del pasado más oscuro pero más amado de la ciudad. En aquel pasado yace el pueblo olvidado que alguna vez cantó la hazaña de un gran superhéroe, que hoy se refugia en locales de baile de viejas villas de campesinos, herreros, abadías pobres y floristas de anémonas carnívoras.
Pero esto es una fiesta, una singular ceremonia en torno a la nada que circunda los cuadros antiguos de santos en las catedrales altas de la ciudad. Y esa fiesta hipócrita calmará a ratos los cielos y la olimpiada eterna de los muertos bajo la alfombra.
El beat  transforma a la chica de las orquídeas en la perfecta Medusa, mientras la llegada lenta del alba inversa recorre a los peregrinos con una especie de escalofrío de la médula que resulta fatal. Todos huyen de Medusa, y ella danzará sola con la vista en las luces hasta hacerlas fuego. Todos los hombres han huido a los montes y a las cavernas en ese momento, como el viejo adagio guardado en las más altas sabidurías mesopotámicas que reza así:
 soldado que arranca sirve para otra batalla

y entonces ya nada es lo mismo. La ciudad baldía dormita bajo una densa capa de fumarolas radiactivas, glitter  y rocío matinal. La chica de las orquídeas seguirá bailando sola por un rato más, sus tacones marcados en el piso como la escritura cuneiforme de un mensaje encriptado que describe la noche como la estación del día más cruel para realizar una fiesta en donde básicamente no pasa nada. O pasa todo. O todo confluye en la espiral misma de un caos que se adivina en la punta de los cabellos esperando la fiesta de mañana. 




No comments:

Post a Comment