Haré poesía desde las cabezas
desmembradas de quienes me hicieron perecer
con mis propio huesos rotos
huecos sin médula
me golpeaban como campana ritual
como látigo arrítmico.
Los haré poesía
bajo los escombros
de otro día en nubarrones.
Los haré poesía
con las uñas sangrantes.
Aunque me hayan arrancado
una costilla sin permiso,
los haré poesía.
Que me hayan arrancado las cuerdas vocales, no importa la sedición del acto aún impune,
mi pies se mueven en dirección al sol ausente y huelen su sangre en polvorosa, quizás
hayan arrancado mis cuerdas vocales, pero aún puedo hacer su voz mi voz,
las fosas musicales abiertas entonando una sinfonía solo para mi placer.
Y haré esa sinfonía poesía,
su cuerdas serán las cuerdas
de muertos anteriores
que se levantan plenos de ira,
aura,
edemas,
hecatombes,
rabia.
Allí donde nace la poesía
yace nuestra salvación
sin mayúscula.
La panacea no existe cuando se trata del viejo oficio de escribir. Una de dos: o lee o se auto-exilia al mundo de la escritura vana y celópata. Aquí hay un par de intentonas.
Wednesday, May 27, 2015
Monday, May 18, 2015
Material 2
Adornamos las paredes con sangre
porque nos gusta ver las estatuas
desaparecer entre gritos.
Y si queremos,
dejamos las vísceras abiertas
a plena luz del día.
Que se alimenten de lo que arrojan
los lenguajes bajo el sol.
Que de jeroglifos
no nos quejamos:
queremos todo el movimiento.
Todos los orgasmos del mundo
en un palpitar de pulso:
más sencillo de llevar
prendido al cuello.
Puedes salir de tu escondite:
ladro más que los mil muertos,
y me arrojo a las cosas
como si no me importada
ser violada mientras rezo.
Rezo con los dedos cruzados,
con el alma lista
para ser percutada
en tu cara.
Y ver los colgajos
en sangre en vida en sangre
y lo nuevo alzarse
en la pequeña victoria
que me guardo prendida al vestido.
porque nos gusta ver las estatuas
desaparecer entre gritos.
Y si queremos,
dejamos las vísceras abiertas
a plena luz del día.
Que se alimenten de lo que arrojan
los lenguajes bajo el sol.
Que de jeroglifos
no nos quejamos:
queremos todo el movimiento.
Todos los orgasmos del mundo
en un palpitar de pulso:
más sencillo de llevar
prendido al cuello.
Puedes salir de tu escondite:
ladro más que los mil muertos,
y me arrojo a las cosas
como si no me importada
ser violada mientras rezo.
Rezo con los dedos cruzados,
con el alma lista
para ser percutada
en tu cara.
Y ver los colgajos
en sangre en vida en sangre
y lo nuevo alzarse
en la pequeña victoria
que me guardo prendida al vestido.
El mito de lo material
Qué han hecho mis manos
sino moldear sobre las mismas pieles
retazos de otras pieles,
y contar historias ya contadas.
Plagiar la piel del leopardo
para usarla como corona
en bacanales manoseadas,
reiteradas,
histéricas.
Me han sitiado los ojos,
¿no es eso suficiente castigo,
mirar a los mismos mendigos
desollarse a sí mismos,
contarse los mismos fracasos
como un avemaría perpetua?
Pensar que ya podría estar en casa,
sobrevolando mis miserias,
alejando el letargo de la frente
en pétalos, despertar,
despertar con una nueva ración
de aire delicado
en los pulmones translúcidos.
Elevada en mi propia ingravidez.
Pero héme aquí
agotada en la servidumbre
de los artículos de escritorio,
las llamadas de pitanzas,
la vida hecha una pitanza
desde el alba hasta el cierre de telón.
Vístanme de leopardo de nuevo,
que me he vuelto
hiena redundante
otra vez.
Vístanme de fantasía de leopardo,
quiero celebrar una vez más
que el invierno se bate en retirada
y puedo obsequiar al mundo
mi mirada más inocente,
que quizás falsa,
y el mito material
es destruido.
Devorado por la paz del cordero
sacrificado al alba
del que nadie se va a volver a acordar.
Nadie se va a volver a acordar.
Sunday, May 17, 2015
Post
La encrucijada que nunca se devela
bajo los párpados.
Somos hambre de escombro,
nos escocen las ganas,
que no de hacer,
sino de placer
un segundo bajo las sombras
del vacío de paz
que nunca hallaremos
bajo la cadencia del sol.
La encrucijada que nunca se devela
sobre las palmas.
A la sorda sapiencia del mañana:
que me diga qué es esto
saliéndome de los huesos
a borbotones, como frases
desbocadas,
señas desleídas,
amores impropios.
Ay, que me diga pronto,
que se me acaban los tiempos,
los siglos son cada vez más cortos,
nuestras cimas más altas,
nuestros altares más desiertos.
La encrucijada prostíbula
jamás revelada.
La muerte es de brazos largos
cuando se desconoce
que no se sabe
que no se espera en realidad
la solitud:
es una conmigo,
nacemos en solitud y en solitud
parece que nos vengamos,
pero nunca en realidad nos movemos.
Nunca en realidad hablamos:
solo tiramos arcadas
a una eternidad nublada
y dormimos con un ojo abierto
a la noche cerrada,
minúscula e imprenta
de la ciudad.
bajo los párpados.
Somos hambre de escombro,
nos escocen las ganas,
que no de hacer,
sino de placer
un segundo bajo las sombras
del vacío de paz
que nunca hallaremos
bajo la cadencia del sol.
La encrucijada que nunca se devela
sobre las palmas.
A la sorda sapiencia del mañana:
que me diga qué es esto
saliéndome de los huesos
a borbotones, como frases
desbocadas,
señas desleídas,
amores impropios.
Ay, que me diga pronto,
que se me acaban los tiempos,
los siglos son cada vez más cortos,
nuestras cimas más altas,
nuestros altares más desiertos.
La encrucijada prostíbula
jamás revelada.
La muerte es de brazos largos
cuando se desconoce
que no se sabe
que no se espera en realidad
la solitud:
es una conmigo,
nacemos en solitud y en solitud
parece que nos vengamos,
pero nunca en realidad nos movemos.
Nunca en realidad hablamos:
solo tiramos arcadas
a una eternidad nublada
y dormimos con un ojo abierto
a la noche cerrada,
minúscula e imprenta
de la ciudad.
Thursday, May 7, 2015
Tesis de Existencia
Me lanzan a la tierra baldía
con un cuerpo roto y una piel
de a girones y venas corruptas.
Quién soy yo para componerme,
mujer descalza de ojos salados,
vientre abierto por el deseo espejo,
el ego mío de restos ajenos,
devorado a ciegas en los peores callejones,
en las camas de los peores amantes
imaginarios.
¿Qué pasa si lo hago?
No te obligaré a besar mi frente,
no, no.
He visto peores batallas librarse
entre reinos hermanos.
Sí, pensaba en lo fraterno,
en lo tibio de lo hermanable,
cuando todas las conversaciones
son entre hienas hambrientas.
¿Qué se hace con un corazón ahí?
Me lanzan a LA tierra baldía,
curiosamente resplandece en plagio
de un destino
de estrellas extintas.
Y trato de ponerme de pie
y me sobran siluetas,
¿qué es este cuerpo desdibujado
sobre su eje descartado?
Labios partidos de tantos besos,
labios sedientos de soledad,
LA soledad final,
LA compañía que el tiempo lleva
y en su mezquindad vomita
y omite parte
de lo requerido a ser
antena de amor del universo,
del universo al vientre,
de la cabeza al intestino,
de mis palabras a tus palmas
que en este momento
se acarician entre ellas.
¿No es un poco triste?
Claro.
Estamos un poco solos
en el confín
de un mundo en paralelo.
Nunca nos tocaremos otra vez,
tú y yo.
con un cuerpo roto y una piel
de a girones y venas corruptas.
Quién soy yo para componerme,
mujer descalza de ojos salados,
vientre abierto por el deseo espejo,
el ego mío de restos ajenos,
devorado a ciegas en los peores callejones,
en las camas de los peores amantes
imaginarios.
¿Qué pasa si lo hago?
No te obligaré a besar mi frente,
no, no.
He visto peores batallas librarse
entre reinos hermanos.
Sí, pensaba en lo fraterno,
en lo tibio de lo hermanable,
cuando todas las conversaciones
son entre hienas hambrientas.
¿Qué se hace con un corazón ahí?
Me lanzan a LA tierra baldía,
curiosamente resplandece en plagio
de un destino
de estrellas extintas.
Y trato de ponerme de pie
y me sobran siluetas,
¿qué es este cuerpo desdibujado
sobre su eje descartado?
Labios partidos de tantos besos,
labios sedientos de soledad,
LA soledad final,
LA compañía que el tiempo lleva
y en su mezquindad vomita
y omite parte
de lo requerido a ser
antena de amor del universo,
del universo al vientre,
de la cabeza al intestino,
de mis palabras a tus palmas
que en este momento
se acarician entre ellas.
¿No es un poco triste?
Claro.
Estamos un poco solos
en el confín
de un mundo en paralelo.
Nunca nos tocaremos otra vez,
tú y yo.
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