La panacea no existe cuando se trata del viejo oficio de escribir. Una de dos: o lee o se auto-exilia al mundo de la escritura vana y celópata. Aquí hay un par de intentonas.
Monday, May 18, 2015
El mito de lo material
Qué han hecho mis manos
sino moldear sobre las mismas pieles
retazos de otras pieles,
y contar historias ya contadas.
Plagiar la piel del leopardo
para usarla como corona
en bacanales manoseadas,
reiteradas,
histéricas.
Me han sitiado los ojos,
¿no es eso suficiente castigo,
mirar a los mismos mendigos
desollarse a sí mismos,
contarse los mismos fracasos
como un avemaría perpetua?
Pensar que ya podría estar en casa,
sobrevolando mis miserias,
alejando el letargo de la frente
en pétalos, despertar,
despertar con una nueva ración
de aire delicado
en los pulmones translúcidos.
Elevada en mi propia ingravidez.
Pero héme aquí
agotada en la servidumbre
de los artículos de escritorio,
las llamadas de pitanzas,
la vida hecha una pitanza
desde el alba hasta el cierre de telón.
Vístanme de leopardo de nuevo,
que me he vuelto
hiena redundante
otra vez.
Vístanme de fantasía de leopardo,
quiero celebrar una vez más
que el invierno se bate en retirada
y puedo obsequiar al mundo
mi mirada más inocente,
que quizás falsa,
y el mito material
es destruido.
Devorado por la paz del cordero
sacrificado al alba
del que nadie se va a volver a acordar.
Nadie se va a volver a acordar.
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