Haré poesía desde las cabezas
desmembradas de quienes me hicieron perecer
con mis propio huesos rotos
huecos sin médula
me golpeaban como campana ritual
como látigo arrítmico.
Los haré poesía
bajo los escombros
de otro día en nubarrones.
Los haré poesía
con las uñas sangrantes.
Aunque me hayan arrancado
una costilla sin permiso,
los haré poesía.
Que me hayan arrancado las cuerdas vocales, no importa la sedición del acto aún impune,
mi pies se mueven en dirección al sol ausente y huelen su sangre en polvorosa, quizás
hayan arrancado mis cuerdas vocales, pero aún puedo hacer su voz mi voz,
las fosas musicales abiertas entonando una sinfonía solo para mi placer.
Y haré esa sinfonía poesía,
su cuerdas serán las cuerdas
de muertos anteriores
que se levantan plenos de ira,
aura,
edemas,
hecatombes,
rabia.
Allí donde nace la poesía
yace nuestra salvación
sin mayúscula.
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