Adornamos las paredes con sangre
porque nos gusta ver las estatuas
desaparecer entre gritos.
Y si queremos,
dejamos las vísceras abiertas
a plena luz del día.
Que se alimenten de lo que arrojan
los lenguajes bajo el sol.
Que de jeroglifos
no nos quejamos:
queremos todo el movimiento.
Todos los orgasmos del mundo
en un palpitar de pulso:
más sencillo de llevar
prendido al cuello.
Puedes salir de tu escondite:
ladro más que los mil muertos,
y me arrojo a las cosas
como si no me importada
ser violada mientras rezo.
Rezo con los dedos cruzados,
con el alma lista
para ser percutada
en tu cara.
Y ver los colgajos
en sangre en vida en sangre
y lo nuevo alzarse
en la pequeña victoria
que me guardo prendida al vestido.
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