Saturday, July 19, 2014

Gentío







La nostalgia que se anega por las alcantarillas.
Los cuentos y las sopaipillas
y las tardes de domingo mirando nada más
que ciervos y cometas y los camiones guerrilleros
dispuestos a un nuevo
imperio falso.
Los de corazón pequeño cantarán a sus
pequeños dioses.
Los de corazón grande callarán
a sus grandes próceres,
creando sus propias efemérides
para celebrar con el barrio vecino,
viejos y chicos y los que adolescen
de garras y pertrechos para
supervivir.

La nostalgia se cuela por entre las rendijas
del aire acondicionado.
¿Condición a qué? A una calma apariencia,
aparece y muere ante un parecer extinto.
Miro y busco mi propio oxígeno a mi alrededor,
lleva mi nombre, y son de esos átomos en juego
con mi color de ojos.
Por allá debe andar, flotando por el territorio
enemigo, clandestino.
Los que tienen más oxígeno empachan sus intestinos y se glorían de sus cuerpos
rosados, brillantes, ávidos de espacio.
Y los que carecen, los eternos del ciclo de carencias,
harán lo mejor que les permitan sus huesos aformes,
sus cuencas hundidas, su espléndido
respirar en ondas cortas.
Cada uno se agrupará en torno a sus templos,
cada uno le rezará a sus muertos,
algunas lágrimas irán a dar al templo irrespecto,
mientras la nostalgia cuidará que cada uno
aloje bajo sus pies la sombra
de ese mundo que se sueña
de ese mundo que se contrae
para explotar con otra ilusión

en la sumatoria de nostalgias.

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