Tuesday, July 15, 2014

Título Personal

Esta soy realmente yo, y lo demás no importa.

Importan mis nostalgias, aportan la cuota necesaria de cordura ante un mundo que solo me quiere
INDIGNA Y QUEJUMBROSA AL BORDE DEL RÍO. A veces lo repito cuando tengo una pila de acertijos que resolver, y mi espíritu simplemente no se encuentra con la extraña del espejo ni una sola vez en toda la madrugada.

Esta soy yo. Lo que haga yo en un aula, en una calle, arriba de una micro, en la cama de mi amado, sí, también soy yo, pero una fracción de mi cuerpo desmembrado, multiforme, multicolor, multicopiado hasta el infinito. Esto es lo que soy: un alma que llora a sus muertos transmutados al papel, a la tinta, física o electrónica da igual, pero es ésta así, como una escribiente perpetua, la razón de esta vida que tras las barras de una prisión diaria, abraza su destino con soltura, que no resignación.

Que no se malentienda: amo enseñar. Amo mi trabajo. ¡Pero me va dejando tan sin sueños y sabores a veces! Basta ver cómo mi ojo se retuerce y tiembla ante la exasperación de un trabajo que pide todo para ayer, y que me hipoteca los momentos de ansia marítima y espacial. Siendo ese el problema, el cepo voluntario al que todo se ve sometido, no queda más que entibiarse un pequeño espacio y volver a la autoconquista de un ser indefinido tal como lo soy yo ahora.

¿Y quién soy? Una mujer que en este momento anhela gente. ¿Qué gente? Para enumerar:
- La sonrisa de una vieja angelical sabia.
- La guitarra de una hada azul que se ha perdido en el otro hemisferio.
- Un antigua alma poeta atemporal, que quizás solo sea producto de un pueril manojo de emociones y dialectos.
- Un grupo de flores risueñas con las que compartí el adolescer, el crecer, el querer algo indecible.

Y podría seguir. El juego de nostalgias puede resultar infinito y mortal. Pero supongo que cargando todas las cosas anteriormente mencionadas, sumándole los miedos gigantes, el amor de juegos de luces que me permite seguir andando y bailando en el carnaval de mis días agrios, la letra de otros que me hablan al oído, entre otras cosas, supongo que esa soy yo.

Ahora, cuando la misión se vuelve más endemoniada, y se pide el "querer ser" al futuro, que no me pregunten huevadas. No sé qué quiero en el futuro y punto.

Déjenme escribiendo en una calle vacía con un gramo de cielo, a lo mejor algo bueno salga de ahí.









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