La panacea no existe cuando se trata del viejo oficio de escribir. Una de dos: o lee o se auto-exilia al mundo de la escritura vana y celópata. Aquí hay un par de intentonas.
Monday, January 6, 2014
Contramar
Nadando a contramar,
con el entresol en la pupila,
y una u dos oraciones en los bolsillos,
me permití ahogarme en las palabras
que quedaron tuertas a mitad de camino.
Un miedo que tiembla, tiembla,
deja las olas empeñadas en sangrar
y sangrarme en cuanto toque el suelo.
Al retomar la ola, cae el ciclo,
vuelvo a la punta,
giro al precipicio.
Tengo miedo, madre, amado.
Me han dicho que este mundo de papel
es aparente, .
Que nadie está conmigo si no está
contra mí, un poco, en una esquina
de su corazón.
Este mundo de grandes en maremotos,
el nadar sin terminar de girar,
sin besar las ondas,
sin querer dar a la soledad empeñada
ni un centímetro,
pero que ya tiene demarcado
todo mi cuerpo.
Nadie dijo que esto era tan complejo.
El sol entornándose, evitándome,
tiñendo los matices de la ternura,
dejándome desnuda ante los ojos de ultramar,
ojos de ultrajar cuanto me queda
de mundos pequeños y relatos abiertos.
Aún no me retiro, es cierto,
quiero ser brillo de mar, aún sintiendo,
aún sabiendo que pronto mi cuerpo deshecho
vivirá entre los corales.
Me aterra seguir nadando,
el perpetuo movimiento
sin llegar a puerto.
El perpetuo silencio
sin tocar otro cuerpo.
La eterna espera,
siendo siempre un intento
de algún supuesto yo
y YO, quien debo ser
en un cuadro de tiempo.
Nadando a contramar,
el único aliciente es esperar.
Nadando a contramar,
el único retorno es
volver a navegar.
Y recorrer corrientes con el cuerpo inerte.
Así es como se supone que deba
pasar al siguiente océano,
y dormir sin dormir,
y ver sin llorar de placer,
ni saber más, porque eso no te hará
grande. Dicen,
grande./
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