Sunday, July 28, 2013

Tres Avemarías

La historia de una profe empezando a enseñar, el traslado desde los suburbios hacia las alturas de una metrópolis siútica, y el mundo, hostil y cambiante y perverso y hermoso, de un colegio, y todo en tres actos. Tres gritos, tres suspiros, tres risas, tres estados de ánimo diferentes.




Primer avemaría.

Como la puerta se abre sola
me empujo a salir a un lado
demasiado despierta como para decir
sagrada mi vida, sagrado mi cuerpo.
Espero la mano abierta,
la ciudad rota entre mis labios,
un nuevo juego de palabras
entresílabas y tremendistas.
Un suspiro, una gota de silencio
entredurmiendo,
entredespierto,
entreteniendo
un cuerpo estático tras otro.
Entre tantas suertes me despojo
de demasiado pensamiento:
más vale resonar que resguardar,
presionar y vigilar
como sale el sol de a poquito,
tímido,
de a poquito,
canto,
avemaría,
salgo,
avemaría,
encuentro
una que otra cosa saltarina
como para conservar la gracia
y verme en la templanza
segundo a segunda.

Segundo avemaría.

Retoman la avenida
los bólidos alados.
Si el tiempo me condena hoy,
¿retirará mi cuerpo algún hombre
para llevarlo a algún rincón de sol?
Solamente el tornasol
me permite pensar más allá
de mi cuerpo.
La escalada, la playa sorda,
¿quién dijo que era cándido
el reemplazo notable de mentes
en un mar de segundos?
Avemaría, avemaría,
se abre el telón,
me esperan los muros insondables
de lenguajes entrometidos,
sembrando ideas en mundos
que ni siquiera alumbran
una gota de sombra.

Good morning, saquen su libro,
página 20 del año 2067,
hay una pequeña invasión
de hombres de lata
y vísceras podridas,
let's talk in English about that.
Y de lo humano y lo divino,
remecemos la lengua y los sentidos,
y los que estaban en ese otro mundo,
parece que regresan,
parece que se retoman,
vuelven a sus cuerpos,
se redimen, escriben,
levantan la mano.
Good, good. God.
Hombrecitos y mujercitas en rebelión,
¿qué haría Mistral en mi lugar?
Quién sabe cuántas penas han pasado
por esas palabras,
qué pasa en casa,
que ni un abrazo ni un beso los colma,
quieren el mundo,
quieren meter el mundo en mi sala.
Por ellos,
un avemaría,
otro avemaría,
como canción de cuna,
otro avemaría.


 Tercer Avemaría.

Entretanto el día me llena de
papeles, gestos,
y en un pequeño descuido
tengo el cosmos en mis pañuelos,
el cielo entre mis cuadernos.
Quien sabe de gloria entiende
la sonrisas sueltas al aire,
el cuerpo recepto a nuevas
intimidades de palabras y conceptos.
Basta comprender entonces
y hacerme lectora de almas
para que todo se ordene perfecto.
En tanto termina un juego,
se cierran libros y cuadernos,
con ligereza se abandona un cuento:
agotado el seso no queda más que
correr, comer, dormir, retirar.
Pero el retiro es una persecución:
hay un reloj cosido en mi frente
un batirse de pianos, deberes, palabras
a rellenar, complejos, preceptos,
y el día se pasa en eso:
en eso de cómo hacer una mejor clase,
en eso de cómo hacer un mundo mejor.//

No comments:

Post a Comment