Primer
avemaría.
Como
la puerta se abre sola
me
empujo a salir a un lado
demasiado
despierta como para decir
sagrada
mi vida, sagrado mi cuerpo.
Espero
la mano abierta,
la
ciudad rota entre mis labios,
un
nuevo juego de palabras
entresílabas y
tremendistas.
Un
suspiro, una gota de silencio
entredurmiendo,
entredespierto,
entreteniendo
un cuerpo estático tras
otro.
Entre
tantas suertes me despojo
de
demasiado pensamiento:
más
vale resonar que resguardar,
presionar
y vigilar
como
sale el sol de a poquito,
tímido,
de
a poquito,
canto,
avemaría,
salgo,
avemaría,
encuentro
una
que otra cosa saltarina
como
para conservar la gracia
y
verme en la templanza
segundo a segunda.
Segundo avemaría.
Retoman
la avenida
los
bólidos alados.
Si
el tiempo me condena hoy,
¿retirará
mi cuerpo algún hombre
para
llevarlo a algún rincón de sol?
Solamente
el tornasol
me
permite pensar más allá
de
mi cuerpo.
La
escalada, la playa sorda,
¿quién
dijo que era cándido
el
reemplazo notable de mentes
en un mar de segundos?
Avemaría,
avemaría,
se
abre el telón,
me
esperan los muros insondables
de
lenguajes entrometidos,
sembrando
ideas en mundos
que
ni siquiera alumbran
una
gota de sombra.
Good morning,
saquen su libro,
página
20 del año 2067,
hay
una pequeña invasión
de
hombres de lata
y
vísceras podridas,
let's talk in English about that.
Y
de lo humano y lo divino,
remecemos
la lengua y los sentidos,
y
los que estaban en ese otro mundo,
parece
que regresan,
parece
que se retoman,
vuelven
a sus cuerpos,
se
redimen, escriben,
levantan la mano.
Good, good. God.
Hombrecitos
y mujercitas en rebelión,
¿qué
haría Mistral en mi lugar?
Quién
sabe cuántas penas han pasado
por esas palabras,
qué
pasa en casa,
que
ni un abrazo ni un beso los colma,
quieren
el mundo,
quieren
meter el mundo en mi sala.
Por
ellos,
un
avemaría,
otro
avemaría,
como
canción de cuna,
otro avemaría.
Tercer Avemaría.
Entretanto
el día me llena de
papeles,
gestos,
y
en un pequeño descuido
tengo
el cosmos en mis pañuelos,
el
cielo entre mis cuadernos.
Quien
sabe de gloria entiende
la
sonrisas sueltas al aire,
el
cuerpo recepto a nuevas
intimidades
de palabras y conceptos.
Basta
comprender entonces
y
hacerme lectora de almas
para que todo se ordene
perfecto.
En
tanto termina un juego,
se
cierran libros y cuadernos,
con
ligereza se abandona un cuento:
agotado
el seso no queda más que
correr,
comer, dormir, retirar.
Pero
el retiro es una persecución:
hay
un reloj cosido en mi frente
un
batirse de pianos, deberes, palabras
a
rellenar, complejos, preceptos,
y
el día se pasa en eso:
en
eso de cómo hacer una mejor clase,
en eso de cómo hacer un
mundo mejor.//
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