La vida es una aventura deliciosa y una maldita desgracia a la vez, y ambos roles se intercambian de vez en cuando, como en una rueda de la fortuna.
Recordaba la cita, probablemente perteneciente a algún libro que Emilia le había pasado, mientras miraba lo que ocurría en la cafetería, que a esa hora estaba llena de universitarios enfrascados en animadas conversaciones o solitarios entes concentrados en lo que ocurría en las pantallas de sus celulares. Estaba nervioso: sabía que ella no había pasado por tiempos muy fáciles desde que se separaron, y la sensación de decisiones tomadas al vuelo, incorrectas, no lo dejaba tranquilo. Desde hacía un tiempo le rondaba la idea de buscarla y que volvieran a conversar, pero le detenían muchas cosas: orgullos y la sensación de que simplemente ambos no se correspondían.
Tentando entonces a la aventura, es que ahora estaba allí, esperando a Emilia, para pedirle que volvieran a ser uno.
Aunque quizás no lo diría en esos términos: pensaba tantear el terreno primero, analizar las expresiones de ella, ver si existía en ella el mismo brillo de sus ojos, la misma sonrisa nerviosa que a él le gustaba, esa sonrisa que le decía a él que había algo detrás, profundo y brillante. Esperaba ver en ella ese extrañar, ese anhelar algo nuevo juntos. Quizás esperaba muchas cosas. Pero tenía una cierta seguridad en lo que hacía, en lo que diría, y en lo que sentía en esos momentos.
Unos tipos se reían fuerte en una mesa contigua, cosa que sacó a Simón de sus cavilaciones. Faltaban cinco minutos para las cinco. Emilia ya estaría por llegar.
La vida es una aventura deliciosa y una maldita desgracia a la vez.
Una compañera de Emilia apareció de repente por la cafetería, y se acercó a él. Eran las cinco y diez minutos. Se saludaron de manera distante. Simón le preguntó si había visto a Emilia por alguna parte. Ella le dijo que la había visto irse como a las cuatro. Luego de intercambiar una que otra frase de cortesía, y de que ella se alejara, Simón terminó su café y se fue de la cafetería en dirección al metro, sintiendo una especie de peso en su espalda.//
Debo decirlo. Al terminar de leer éste (y el otro capítulo), sólo puedo decir una sola cosa: Chuchesumadre!
ReplyDeleteSorry por la expresión, pero en verdad es lo primero que se me vino a la mente al terminar el capítulo! XD
Si ya el comienzo de la parte IV me dejó preplejo con su comienzo, el final de éste me mató!
Me encanta, cada vez más brígido!!
Teamo!