La panacea no existe cuando se trata del viejo oficio de escribir. Una de dos: o lee o se auto-exilia al mundo de la escritura vana y celópata. Aquí hay un par de intentonas.
Monday, October 14, 2013
Pentagrama
Es el registro del movimiento,
es esa orquesta perfeccionada
hasta el hastío
lo que eriza mi piel en un segundo,
cuando se fecunda el bello intento
de lograr complejizar mi yo
con el tú,
tibio y silente espectro amante,
tierno refugio de mi canción errante.
Una cierta luz en melodía:
que ya nada separa el alma de la voz
ni la voz del alma impregnada en soles
cándidos. Somos solos en un desierto
con el solo sonido del suspiro
como fuente de vida.
Así me lanzo al vacío,
me encuentra tu piel cayendo
y me sujeta a lo ingrávido
en un par de notas
monocrómicas
y anatómicas.
Y me queda un rato soñando,
que me quede lo eterno pensando
en cómo dibujo en la oscuridad
tu silueta
una isla
con la yema de mis dedos
o en la soledad de los cielos.
Mis dedos registran cada sentir,
cada gesto del pentagrama,
cada voz reunida en el calor.
Que cuando se apague todo
quede todo en ciernes
en el aire, el temblor, el vaho
y que todo comience de nuevo,
que todos vuelvan a cantar,
que te muevas otra vez bajo mi piel
en el recuerdo vivo nocturno,
en la grabación cutánea
de tu mundo y mi mundo
y todos los mundos
a nuestros pies durante
el simple juego de amarte.//
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