Monday, October 14, 2013

Los Fantasmas de Simón VI

Hay que salir a bailar con los fantasmas. Hay que verlos a la luz del sol.

La mañana particularmente hermosa le devolvía las energías, mientras desde la bicicleta el mundo cobraba un movimiento algo así como alegre. Había hecho los rituales acostumbrados, había declarado una pequeña tregua en su interior y en su humor auto-sacrificial y a su indulgencia ante la melancolía auto-inducida. No podía decir que todo andaba bien, a veces se sentía sola, pero al menos las cosas cambiaban de a poco, con la lentitud pero paciencia de la venida de la primavera.

Así ocurría. Con la cabeza apoyada en la puerta del metro, mirando la ciudad desplegarse en un horizonte desproporcionado, desordenado, sucio, se sintió parte del mundo. Incluso lo repitió entre dientes: PARTE DEL MUNDO. Había algo así como una claridad dentro de ella, una claridad que no era hermosa, ni extraordinaria, pero era ella misma. Una especie de autodeterminación que se gestaba como un triunfo en terreno personal. Curioso, pensaba. Una sensación nueva, pero que siempre estaba ahí, dormitando.

La universidad se alejó de pronto, solo se podía ver la punta de la capilla en que una cruz descansaba alerta, sobresaliendo a todos los megaedificios existentes allí. Entre tanto gris, uno que otro aromo se podía ver desde esa altura, breves instantes de aromos, hasta alcanzar otra y otra estación de metro, la gente anónima subiendo y bajando en tropeles, amontonándose y jugando el juego de la resistencia que ella también jugaba.

Todos tienen sus fantasmas. Nada especial. Hay que salir a bailar con ellos de vez en cuando.




fin.

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