Monday, July 27, 2015

St Jude

Miré a sus ojos,
mi alma pendió de esa lágrima 
aciaga.
Miré a sus ojos,
quería decirle padre,
pero el foso en mi pecho
no me dejaba cantar
ni siquiera un aleluya.

Trató de abrazar
a esta bestia inmóvil.
Trató, noté sus manos blancas
limpiándome la sangre.
Sentía cómo se iban borrando
las palabras que flotaban
allí, de días postreros,
que aún me oxidaban el gusto.

Quiero olvidar, oh, padre.
Quiero pensar que la providencia
me olvidó por ese instante
en que salté al aire viciado
y quemaba mis cabellos
con el último polvo estelar.

Con el último beso que nos dimos.

De pronto, al fin, al fin me acerqué.
Olía a cedrón y canela. 
Olía a toda memoria portada
cuando brillaba yo en las calles
y nadie nadie volteaba a mirarme.

St. Jude, escúchame, ayúdame.
He quedado varada en este pavimento
sin nada entre manos
para cuidar mis noches gélidas.
St. Jude, ¿cómo puedo
comenzar a volar cuando toda persona,
todo viviente me dice
que debo comer de la tierra
en la que me caigo todos los días?

Él me miró con un dejo de misericordia.
Con un dejo de cordero perdido.

Nosotros también
estamos perdidos,
en la eternidad rondamos
buscando la calle correcta
para retornar a casa.

Yo aún planto gardenias
esperando el paraíso.

Desde ese día 
yo misma planto gardenias,
dispuesta a pasar lo eterno
bajo el sol,
a carne viva, 
bajo la única estrella
que podrá salvarme.






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