Acercarse al fuego.
Destinarse unas brasas
para sentir lo pétalos de la piel
caer como
aves muertas.
Hay una mirada fija en mi cuerpo
descubierto.
Una mirada fija que taladra cada hueso,
hundiéndolo en deseo puro.
Si me quieres, entonces,
guárdame la historia
que querías contarme
antes de que todo pasara.
Así, a víscera abierta
te recibe el cuadrante
del siniestro consumado.
Quien valiente lee el interior
de la llaga,
llega a poseer la llave
de la trampa
del corazón
de la mujer.
Donde todo es una trampa,
porque ella no está desnuda,
tú no estás mirando bien.
Todo es fuego cegador,
celador,
de un solo deseo
sincronizado.
No comments:
Post a Comment