La cantata de esta noche es
que finalmente estoy sola
contemplando mi muerte.
Por fin la incineración de mi carne
desgarra mi garganta:
sí, el dolor es poder.
El dolor es poder.
La búsqueda se volvió laberinto.
Ya nada más callar que buscar
que esperar un falso momento
y ver como tú callabas también.
Me diste cuando pudiste
cuanto pudiste de cobardía.
Pero finalmente estoy sola,
se apaga la sed de amar
con la carne viva revelada
cernida sobre las derrotas.
No más juicios,
ya no hay nada que juzgar.
Mis manos se tuercen
en la verdad de la última danza:
poder morir en el dolor
del poder tener entre las costillas
menos aire
menos espacio
menos un segundo
de pensar en la vida
en el disgusto de ser siempre
la que arranca.
La canta de esta noche es
que finalmente estoy sola.
Que finalmente ni los amigos
ni la sangre liada,
ni la carne liada
pueden contra la vida en llamas.
Dolor es poder.
Responder al dolor es saber.
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