Esconder los ojos,
que se me va saliendo el alma
por la costilla.
Esperar sentada la invasión
de infamia que caerá
sobre mi frente:
mujer ácida, desmadre, inepta.
Mi sombra la peor jueza,
mi jueza la peor hermana.
Hacerse el amor sola
esperando eternamente
la bendición fálica
como la salida del sol.
Esconder los ojos,
que se me entornan solos
a la carne que se me pudre
en el útero.
Nada más simple
que un amante impostor.
Nada más simple
que hacerse la mujer
bajo el mar violáceo.
En llamas la marea,
quién se resiste
a bailar con esquirlas
en los labios.
Esconder los ojos,
apaciguar el aliento,
ojalá que se calmen estas ganas
de respirar.
Hay mejores alimañas
que tienen que alimentarse
de ese aire.
Felicitarse sola, comer sola,
contarse sola el chiste
de la soledad.
Quién en su sabiduría infinita
me hizo tan mujer.
Tan mujer.
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