A ella le inquietan una serie de cosas en ese crucial momento de la existencia. No solo combate con unas intensas ganas de echarse a dormir un sueño profundo, y no solo combate con las infinitas ganas de comprarse el chocolate más grande que encuentre. También lucha a conciencia con los fantasmas de Simón. En este momento, si alguien tomara una foto, y si alguien realmente gustara de esas exóticas investigaciones en que figuras espectrales aparecen en las fotografías, bueno, entonces vería que al lado de ella, bajo ese árbol juvenil de la facultad, habría indefectiblemente la figura de un hombre. Del hombre solo se vería la silueta, pero ella vería más, y empezaría a contar con detalles incluso malsanos las cualidades de este Simón.
Te diría: Simón. Sí es Simón. Simón es alto, delgado, tiene dos lunares en el cuello, tiene la cara alargada quizás algo asimétrica a veces, tiene unos ojos que juegan con una aparente vacuidad, y así es él, te diría ella: siempre parece vacío. Lo parece, pero no, porque es como adentrarse en el mar de a poco, en esos días que se sabe de tormenta, pero ir igual y adentrarse, adentro, adentro. Y descubrir una calma escondida, pero siempre expectante a la próxima tormenta. Quizás sus orejas son algo grandes, pero eso no le quita atractivo. Es su opinión, te diría ella. Nunca se ha visto con barba, sus brazos son más bien cortos, su cuerpo tiene una estructura que puede ser fácilmente alineada con la del hombre promedio. No tiene la risa a flor de piel, no sonríe fácil, pero es sarcástico. Muy inteligente y consciente de ello. Protector. Gusta del cine de Lynch y del terror japonés. No es detallista, pero sabe sorprender en los momentos precisos. Buena memoria. Besos extraños, quizás a veces demasiado húmedos. Manos grandes. Alma grande. Quizás confusa, inquietante, impenetrable.
En esa foto siempre estaría Simón. Siempre en esa facultad, espiándola, Simón. Por eso, esa tarde siente a Simón dormitando a su lado, mientras ella abre ese libro, hace como que lee sin tener las ganas, busca la frase adecuada para el momento, quizás algo relacionado con el olvido, con la paz interna utópica que todos buscan, con el sentido realmente útil y necesario de la procastinación, con el fin de los fantasmas. Pero no encuentra ninguna.//
Y qué pasó con el loquillo Simón? Qué pasó?
ReplyDeleteOh, he quedado intrigado!!!
Me encantó el cuento, creo que mantiene y maneja muy bien el interés por la historia. Por qué la chica en cuestión aparenta leer y busca esa frase? qué le hizo Simón que aún no lo saca de su cabeza (como la canción de la ELO)? Es un fantasma esa figura de la (hipotética) foto??
Espero con ansias la continuación!
Por cierto, considere el nombre que le sugerí para el cuento, ok?
Te Amo!